miércoles, septiembre 22, 2010

una noche así, la nieve






Y yo, antiguo, repasando el verbo,
dulcemente confuso, te entregue mi lengua
sabiendo que ignoraba todo sobre tu deseo,
temblaba pues me temblabas
y me sumía porque te lames con la labia del silencio,
y yo lamia la nieve ardiendo,
y oía un tan-tan de hierba en carne viva
con todas las lunas menguantes
haciendo noche sin contar conmigo.
Cuanta húmeda ignorancia
empapada sin tenerme en cuenta
descifre la lentitud del alba y sin dudas
aprendí las runas que tu abisal certeza
deletreaba hasta sangrar leche
con tu boca muda con tu boca cuerda
y súbitamente tañí tu coño y entendí
la pragmática pereza de callar la boca
y ceder sin mapas a la derrota de tus ansias
maravillosa ignorancia la que comparti contigo
por concederme algo me dijiste,
así la noche, solo la nieve ardiendo
y por primera vez cada vez sin cuento
ni muertos ni vivos todos los dioses
se quedaron fuera.
Me sumergí de dedos y me quede dormido
en tu magnifico sueño. Sin palabras
en la punta de la lengua.