lunes, abril 20, 2015

LO BELLO Y LO TERRIBLE | Rafael Narbona

LO BELLO Y LO TERRIBLE | Rafael Narbona

Collins_Jacob_Seated_Nude_2001

Desnudo, Jacob Collins. Óleo sobre lienzo, 2001
Eres la princesa de todas las provocaciones. Eres el pecado que nos condena. Eres la flor que nos hace temblar con su desnudez. Eres la lluvia amarilla que apaga nuestra sed. Tu carne despide luz, tus manos prodigan felicidad, tus nalgas son las estrellas de un turbio amanecer, tu pubis es un hachazo en las entrañas, tus labios son una gruta encantada, tus ojos fulguran con llamaradas de ebriedad. Enciendes nuestros sueños, apaciguas nuestra soledad, nos invitas a bajar a húmedos calabozos, donde el deseo nos aguarda con una máscara de verdugo. Nos haces morir, nos haces resucitar, nos haces tiritar. Nos gusta tu dureza. No queremos tus caricias, sino tus espumas. No queremos tu ternura, sino tu malicia de niña que hunde alfileres en una aurora recién nacida. Tu reino no es de este mundo. Tu reino es una región sin límites. Tu reino es un jardín con faunos humillados, que lamen tus manos y se emborrachan con tus escupitajos. Tu reino es una doncella desflorada por un brazo de cristal. Zeus inclina la frente, cuando siente tus pies descalzos sobre su cabeza. El cosmos se alimenta con los ríos de lava que brotan de tus pezones perforados.
A veces pienso que eres Lilith, rebelándote contra Adán. A veces pienso que eres Moloch, devorando nuestras fantasías de castidad. No recuerdo cuándo entraste en mi vida, pero no he olvidado tus jadeos entre dos atlantes que te alanceaban sin piedad. Eras un cisne blanco batiendo sus alas en el cieno. Eras Leda entre lombrices sonrosadas. Dos glandes enloquecidos araban tu carne tatuada. No había amado ni amada, sino pasmo, fiebre y estruendo. Tu saliva era un resplandor plateado que propagaba un suave frescor. Tu cintura se ondulaba como un cervatillo en la espesura. Tu cuerpo desbordado por otros cuerpos se transfiguraba en la belleza primigenia, anterior al lenguaje y la razón. No era la obra del amor, sino del placer, que no necesitaba excusas ni pretextos. Eras hermosa por fuera. Eras hermosa por dentro. Gemías como una ola que se aleja de la orilla, buscando el fondo del mar. Cuando al fin te arrodillaste, los atlantes vaciaron su púrpura dorada sobre tus mejillas, que se regocijaron como flores bendecidas por un vino antiguo. Tu lengua recogió la simiente y la transformó en arcilla. De ese barro, nació mi escritura, que ahora celebra tu presencia sobre la tierra.
Tus glúteos son el absoluto que soñaron los poetas. Tus glúteos son el altar de una olvidada deidad. Son la bahía de un océano inexplorado, donde se consuman los sacrificios más terroríficos. Al principio, tus glúteos se limitaron a cobijar monstruosos cirios. Eran la puerta estrecha que conducían al único paraíso posible. Eran el éxtasis entre dos colinas hambrientas de indomables priapismos. Nos enseñaste un pozo de dicha inextinguible, pero tu alma de pitia te exigía ir más allá. El mundo era tu cuarto de juegos. Tu ano desciende de Gea y Urano. Es un ser mitológico, que ha sobrevivido a la caída de Grecia y Roma. Es la venganza de Nietzsche contra el Crucificado. Es materia oscura con una poderosa fuerza gravitatoria. Tu ano es una filigrana de la mecánica cuántica. En su interior, es posible superar la velocidad de la luz. Tu ano es un invernadero que protege del frío. En sus paredes, crecen el opio y la datura, con sus flores blancas y granates. No es un esfínter, sino un canal veneciano, donde el pene se transforma en una góndola y se adormece mientras escucha al barquero. Tu ano es un anfitrión que nunca escatima agasajos. Es un palacio encantado con infinidad de habitaciones, donde los onanistas se desposan con las parafilias y engendran delirios barrocos. Tu ano es una pintura de Coubert, proclamando el parentesco entre lo bello y lo terrible.
No eres una meretriz. Eres una sacerdotisa Apolo. Eres el arco y la lira, con unas bolas chinas deslizándose por tus intestinos. Eres la pastorcilla que anuncia la buena nueva, con el cuerpo esculpido por éxtasis inacabables. Eres un alma pura que ha pasado 120 jornadas en un gabinete de poesía, sometiéndose a la estricta disciplina de escanciar el dolor entre súplicas y espasmos. Tus pechos y tu boca se han inmolado en un frenesí de pinzas y descargas eléctricas. Tu cuello se ha embellecido con un collar de castigo, feliz de ser un lirio bajo una tormenta de esperma. Tus muñecas han sangrado asfixiadas por unas esposas, que te han revelado el gozo de renunciar a la libertad y la dignidad para ser el objeto de pasiones ajenas. Eres una esclava, pero también una reina. Eres la emperatriz de todo lo insano y enfermizo. Tal vez no has leído a Bataille ni al marqués de Sade, pero has escrito sobre tu piel las páginas más hermosas de un tiempo que ya no cree en dioses ni héroes. Eres lo inefable, el misterio oscuro y profundo que revela la impotencia de las palabas. A veces, pienso que eres Isthar, la diosa babilónica que protegía a los adúlteros y las prostitutas. Creo que tu cuerpo esconde una dalia perfecta. Sólo te pido ser el hortelano que la haga florecer.
RAFAEL NARBONA